50º Aniversario de la Aprobación Pontificia de las

Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y de Santa María de Guadalupe.

1964 - 2014

“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.

Sí, estamos muy alegres y deseamos compartir esta bendición con ustedes, para que nos ayuden a agradecer a Dios nuestro Padre, por lo misericordioso con esta Congregación religiosa que surgió en el año de 1926, en Guadalajara, Jalisco, por expresa voluntad del Corazón de Jesús, para la extensión de su reinado de amor, como se lo manifestó a su Sierva María Amada,

quien dócil al Espíritu Santo, emprendió y llevó adelante esta gran misión como fundadora, con fe y esperanza firmes, superando grandes problemas a fin de recibir en 1947 la aprobación diocesana; y posteriormente, en 1964, la aprobación de la Santa Sede, bajo el pontificado de S. S. el Papa Pablo VI.

Estos 50 años  significan para nosotras una ininterrumpida bendición de Dios, porque nos ha permitido ser en su iglesia humildes instrumentos en la extensión del Reinado del Corazón de Jesús; porque, por encima de nuestras posibilidades y limitaciones, Él ha sostenido su Obra a lo largo de este caminar y, a pesar de nuestras fallas en la vivencia de nuestra consagración y de las veces que no hemos sabido dar testimonio de su infinito amor, constantemente han llegado nuevas vocaciones, jóvenes entusiastas que deciden seguir el ideal de santidad trazado por la Sierva de Dios María Amada.

Han sido muchos los retos que la Congregación ha enfrentado desde 1964, cuando la Congregación contaba con más de sesenta comunidades. En primer lugar, la puesta en práctica del Concilio Vaticano II, que implicó una etapa de crisis, de incertidumbre y deserciones; pero al final nos ayudó a fortalecernos en el espíritu eclesial, a madurar más y a adquirir más estabilidad. En segundo lugar, en 1967, cuando todavía no acababa de asimilar los cambios postconciliares, nuestra Congregación vivió un acontecimiento tan impactante, que partió en dos su historia: la muerte de nuestra Madre Fundadora y Superiora General, la Sierva de Dios María Amada del Niño Jesús. Fue tanto el cariño, tanta la confianza que en ella depositaron las hermanas, tantos años que permaneció al frente de la Obra; y más aún, tanta la fortaleza con la que continuaba activa -a pesar de su edad y de su quebrantada salud- dirigiendo y animando las comunidades, que al parecer, ninguna se planteó antes la posibilidad de que un día ya no estaría y que la Congregación tendría que aprender a caminar sin la presencia física de su Fundadora. No obstante, se superó esta etapa dolorosa y difícil con fe y esperanza, con la consciencia de que la Obra estaba en manos de Dios y Él la seguiría guiando.

En las últimas décadas, uno de los retos más relevantes ha sido la urgente y continua necesidad de discernir los signos de los tiempos y responder, desde nuestra identidad de consagradas, a las exigencias que la postmodernidad nos plantea. Esta realidad ha traído ­­­­como consecuencia que la  promoción de las vocaciones y su formación –tareas nada fáciles- presentan nuevos desafíos y ha sido necesario darles prioridad en nuestros proyectos congregacionales.

Después de la Sierva de Dios Madre María Amada, le sucedieron en el servicio de gobierno las siguientes Superioras Generales: R. M. María de las Nieves Rodríguez, R. M. Margarita Solís Heredia, que de Dios goce; R. M. Josefa Baltierra Mauricio, R M. María Petra Rojas González, R. M. María Rosalba Green Castro, R. M. María del Carmen Barraza Martínez.  Cada una en su periodo de servicio en el Gobierno de la Congregación, puso lo mejor de sí para  impulsar la vivencia de nuestro carisma y para promover la eficacia evangélica de las obras apostólicas. ¡Gracias Madres por su entrega generosa en favor de nuestra Congregación!

Gracias también a todas las hermanas que vivieron el acontecimiento de la aprobación pontificia; tanto las que ya se encuentran en la Casa del Padre como las que aún están entre nosotras; gracias a las que llegaron después a formar parte de nuestras comunidades. Gracias a todas por su fidelidad al don recibido.

Gracias, Padres y Hermanos Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús y Santa María de Guadalupe por enriquecernos y edificarnos con la vivencia del carisma que nos une, por su presencia fraterna, por estar con nosotras, especialmente en los momentos más trascendentes de nuestra historia.

Gracias hermanos Laicos, (MLSCGpe., por responder a la llamada de Dios y ser “Legión de apóstoles del Corazón de Jesús”, que tanto anheló ver la Sierva de Dios María Amada al servicio de Su Reinado de Amor. Ustedes forman parte de nuestra gran familia espiritual.

Gracias a todos nuestros queridos familiares por  ayudarnos a vivir nuestra vocación, al brindarnos su cariño, al orar por nosotras y al hacerse presentes en las distintas circunstancias de nuestra vida como consagradas.

Gracias a cuantos nos han brindado su amistad y su apoyo como  bienhecores, amigos y colaboradores de la Obra del Corazón de Jesús, desde los distintos lugares donde se encuentran nuestras comunidades. Que Dios nuestro Padre tenga en su Reino a cuantos ha llamado a su presencia y que siga llenando de bendiciones a los que continúan su misión al lado de nosotras.

Finalmente, para que conozcan un poco más de nuestra realidad, les comunicamos que actualmente nuestra Congregación cuenta con  325 hermanas que integramos 47 comunidades distribuidas: 37 en la República Mexicana, 5 en Estados Unidos, y las otras cinco en Colombia, Belice, Honduras, España e Italia.

Reiteramos a todos nuestros nuestro agradecimiento por permitirnos llegar a ustedes con nuestro mensaje de fe. A la vez le agradecernos por ayudarnos a vivir nuestra vocación con su oración, con su presencia, con sus observaciones y correcciones sabias y acertadas, con su comprensión y con su perdón cuando les hemos fallado. ¡Muchas gracias! ¡Los tenemos en nuestras oraciones!

M. Virginia  Morfín Figueroa, MSCGpe.

 

 

Superiora General.

 

 

 

 

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