Orar por las vocaciones es una puesta en práctica del mandato de Jesús: “Rueguen al dueño de la mies que mande obreros para  hacer la cosecha”. Este mandato desafía nuestra fe e interpela nuestra conciencia de bautizados. Es el primer servicio que podemos ofrecer a la gran causa de las vocaciones. Necesitamos apóstoles, evangelizadores, sacerdotes, religiosos, religiosas, misioneros y gente comprometida que, en nombre de Cristo, nos ayuden a alcanzar los bienes de la salvación. Lo primero que debemos hacer es orar, orar continuamente.

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